Isaac tiene 11 años y la capucha de su
sudadera le ensombrece la cara. Cuando le miro pone cara de duro,
pero no le sale. De vez en cuando me mira de reojo y disimula. Su
hermana, de 9, es más descarada y me pregunta y se ríe. Isaac reúne
las fuerzas y se decide a preguntar: “y si denunciáis a esta
empresa, ¿la podéis cerrar y la gente sale a la calle?”. Lo que
Isaac no sabe es que ésa
empresa se llama Estado Español y que la gente que allí está
encerrada no debería estarlo.
Isaac
está esperando junto a su madre y su hermana a visitar a un tío
suyo que está internado en un CIE. Isaac sigue preguntándonos a su
madre y a mí acerca de todo el proceso de detención, expulsión,
obtención de papeles, etc. Le pica la curiosidad, pero sus ojos
revelan que empieza a ser consciente de que le han dicho que es
diferente y se lo está creyendo. Su hermana es aún pequeña y no
piensa en eso. “Yo soy de Quito, ¿sabes?”. Me espeta con acento
madrileño. “No mijita
usted es española”, rápidamente le corrige la madre entre risas y
Yaiza sonríe tímida.
Cuando
se acerca el policía nacional y pide los números
que vamos a visitar le damos nuestros documentos, los niños agarran
las manos de su madre y miran al suelo. Mientras esperamos a que las
visitas previas salgan los niños están callados. Entramos y como mi
cabina es la sexta, les saludo al pasar delante de la suya. Mientras
esperamos que lleguen los internos, la policía revisa las cosas que
la gente les lleva: ropa, revistas o gel y champú. Cuando les toca
el turno, la madre de Isaac y Yaiza le da al policía la bolsa.
Empieza a revisar y echa para atrás los productos de aseo por no ir
en un envase transparente. Al coger la carta que los hermanos le
había preparado al tío la mira desconcertado. El sobre hecho con
una hoja de cuaderno y celo le desconcierta. Rápidamente Yaiza lo
coge y empieza a abrir el sobre empezando a temblar. “Es sólo una
carta para mi tío” repite varias veces en voz baja Isaac. El
policía se da cuenta y les dice a los niños que no pasa nada, que
no hace falta que la habran. Pero Yaiza no puede parar y entre
temblores le enseña el contenido del sobre al policía. Éste lo
coge, lo pone con la ropa y cierra la mampara de metacrilato.
Desde
dos cabinas más a la derecha veo toda la escena. Trato de que Yaiza
me mire para sacarle la lengua, pero ya sólo mirará al suelo,
incluso durante los 30 minutos escasos que dura la entrevista con su
tío.















